La exposición

El Instituto Navarro de la Memoria, creado en 2018 por el Gobierno de Navarra dentro de la Dirección General de Paz, Convivencia y Derechos Humanos, impulsa políticas públicas de memoria que ponen el foco en el reconocimiento de las víctimas de la represión franquista.
Para ello, una de las líneas de actuación más relevante es la difusión del patrimonio memorialista y de los avances de la investigación histórica a través de actos, jornadas, materiales digitales y exposiciones. Entre las que ha diseñado expresamente para acercar a la sociedad diferentes manifestaciones de la violencia del franquismo, destacan las exposiciones Lur Azpian-Bajo Tierra, que aborda la represión física ejercida por los sublevados y rememora el movimiento familiar que recuperó sus restos en 1978; y Ezkaba 1938-2018, referida a la reclusión y violencia ejercida sobre miles de prisioneros en el Fuerte de San Cristóbal.
Fronteras de Hormigón es una nueva propuesta, que nos aproxima a otra de las manifestaciones represivas del régimen franquista, en particular, y de los fascismos en general: el trabajo forzado.
Miles de estructuras militares, levantadas, en primera instancia, por prisioneros republicanos españoles, fortificaron el Pirineo para evitar el ataque de los aliados. Estructuras defensivas comunes en la Europa de entreguerras, un periodo en el que la violencia se apoderó de la cultura occidental, pero que con la llegada de los fascismos adquirieron una magnitud mucho mayor. De hecho, con el estallido de la II Guerra Mundial su dimensión se multiplicó exponencialmente.
Franco y Hitler se encontraron cerca de la desembocadura del Bidasoa. Sus manos se fundieron en un propósito. Con el tiempo, hacia el este, toda una línea de fortificación del Pirineo; y hacia el norte, toda la secuencia del muro Atlántico. Fronteras de Hormigón para blindar dos regímenes fascistas que pretendían ahogar los procesos democráticos europeos.
Con esta exposición, el Instituto Navarro de la Memoria, haciéndose eco del trabajo de investigadores y asociaciones memorialistas, como el Instituto Gerónimo de Uztáriz y Memoriaren Bideak, pretendefavorecer la divulgación de esta realidad oscura de nuestro pasado. Además, al igual que viene haciendo con el reconocimiento y difusión de los Lugares de Memoria, quiere convertir estos parajes en espacios de reflexión crítica sobre todos los procesos de vulneración de los derechos humanos, tanto del pasado como del presente.
Una reflexión que se dirige especialmente a las generaciones más jóvenes, para quienes se han organizado desde 2017 campos de voluntariado juvenil en verano para la recuperación de algunos de estos espacios, como una expresión más del programa Escuelas con Memoria, por la Paz y la Convivencia.
Ana Ollo
Consejera de Relaciones Ciudadanas




