Contexto histórico
La creación e imposición
de la "Nueva España"

El militarismo promovido por los fascismos y el castigo y la represión a los perdedores de la Guerra Civil española están presentes en los orígenes y en el corazón de las obras de fortificación de las fronteras, tanto en el Pirineo como en las líneas defensivas del Atlántico.
Con el apoyo de la gran banca, la gran propiedad agraria, la alta burguesía y sectores de la Iglesia, militares y milicias carlistas y falangistas propician el 18 de julio de 1936 un golpe de estado contra el gobierno legítimo de la II República española, que ejerce el Frente Popular. Una parte del ejército, sectores populares y organizaciones sindicales y políticas ofrecen una fuerte resistencia al levantamiento militar. Se inicia así una cruenta guerra civil que se prolonga hasta el 1 de abril de 1939.
Los sublevados no buscan únicamente derrocar al gobierno, sino que, amparados en un discurso ideológico alimentado por el militarismo, el ideario fascista de Falange y el nacionalcatolicismo de carlistas y sectores conservadores, desatan una limpieza política sin precedentes, prevista en los preparativos del golpe y con amplios apoyos sociales. El enemigo, definido como la “horda roja” o la “Anti-España”, queda así deshumanizado, lo que justifica el asesinato sistemático de decenas de miles de cargos públicos y militantes, y el castigo del resto, sometidos a un proceso de “reeducación” para ser aceptados en la “Nueva España” que los rebeldes tratan de forjar a sangre y fuego.

El contexto internacional es decisivo en el desarrollo de la guerra civil. Los regímenes fascistas de Italia, Alemania y Portugal, con la pasividad cómplice de Francia, Reino Unido y el resto de países europeos, burlan de manera impune el llamado Acuerdo de No Intervención, apoyando a los sublevados con armamento y tropas. La República española sólo puede adquirir armamento soviético, y cuenta además con el respaldo de los voluntarios de las Brigadas Internacionales.
Más de 500.000 personas mueren en el campo de batalla, por enfermedad, hambre o ejecutadas en la retaguardia (140.000 en zona golpista y 50.000 en zona republicana). Cientos de miles son detenidos o hechos prisioneros, y pasan por cárceles y campos de concentración. Muchos de ellos se convertirán en trabajadores forzados levantando las fortificaciones del Pirineo. Al final de la guerra civil, 450.000 republicanos se refugian en Francia. Huyendo de las represalias de Franco, miles de antifascistas españoles serán perseguidos a partir de 1940 por la dictadura de Hitler.
