Trabajo forzado

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Un trabajo en condiciones extremas

La vida de la mayor parte de quienes construyen las fortificaciones y carreteras del Pirineo es extremadamente dura. Un clima de montaña, las malas condiciones laborales, higiénicas y sanitarias, la alimentación o el alojamiento en tiendas de campaña o barracones hacen de este trabajo una gestión cotidiana de la miseria.

Allí no había ná más que palos, poco pan y muchos palos.
Antonio Viedma. BDST nº 6, Igal (Navarra).

Los prisioneros viven situaciones límite provocadas por la escasez general de alimentos y ropa de abrigo, suministradas por las autoridades militares y, particularmente, las concentracionarias, de las que dependen los batallones de trabajo forzado.

Además, el escaso remanente de dinero que pueden recibir los trabajadores no asegura poder comprar más alimentos ni mejorar sus pésimas condiciones de vida, ya que no da más que para algún gasto mínimo de sellos, tabaco o vino.

En el Batallón Disciplinario de Soldados Trabajadores n.º 38 (…) El siguiente traslado fue a Vidángoz, para hacer una carretera. (…) Pasamos muchos días sin comer y otros muchos con un plátano y un trozo de pan. (…) Las horas de tajo eran ocho, pero cuando nos castigaban nos tenían hasta que se cansaban. (…) De aquí fuimos a otro pueblo llamado Igal. Aquí también había residido un batallón de andaluces (…) Cuando ocupamos los barracones estaban indecentes. Se veía que los habían tenido más hacinados y más muertos de hambre que a nosotros. Les faltaba el espíritu, estaban completamente muertos en vida.
Félix Padín Gallo. Prisionero en el BDST nº 38, en Igal (Navarra).

En las obras del Muro Atlántico, la fortificación de las Islas del Canal es uno de los destinos más penosos. Las jornadas extenuantes, las hambrunas, castigos y ejecuciones son parte del día a día de los trabajadores forzados. En la construcción del Muro Atlántico mueren centenares de trabajadores.

En el lager éramos solo españoles, unos 2.000. Nos vigilaban gendarmes y en el camino a la obra nos escoltaban miembros armados de la OT. Trabajábamos 12 horas diarias. En cuatro meses tuve un único día de descanso. No recibía salario, solo de vez en cuando nos daban algo de dinero que apenas llegaba para comprar algunos alimentos en el mercado negro. No se nos permitía escribir y tampoco recibir cartas o paquetes. Mi familia tampoco me hubiera podido enviar nada porque desconocía donde me encontraba. Los maltratos consistían en patadas y bofetadas, además de una especie de juego cruel y absurdo: dejarse caer hacia adelante con los brazos pegados al cuerpo; solo cuando se estaba a punto de estrellar la cara contra el suelo se podía cubrirla con las manos; si no se hacía así te obligaban a repetir la caída. En Jersey los maltratos que recibíamos eran mucho más duros. Solo recuerdo la fuga de un camarada español, que acabó siendo detenido y enviado a un campo en Alemania.
José Barros. Exiliado republicano.
Trabajó en la base submarina de La Rochelle y en la isla de Jersey.

Prisioneros del Batallón Disciplinario de Soldados Trabajadores 38 en barracones de Aritxulegi (Gipuzkoa). 1941-1942.
Memoriaren Bideak, Antonio Ansoleaga
Prisioneros del Batallón Disciplinario de Soldados Trabajadores 38 en barracones de Aritxulegi (Gipuzkoa). 1941-1942. Memoriaren Bideak, Antonio Ansoleaga
Jersey (îles Anglo-Normandes). Année inconnue.
Budesarchiv. Bild 101II-MW-5144-29. 
Budesarchiv. Bild 101II-MW-5144-29.
Jersey (Islas del Canal). Año desconocido. Budesarchiv. Bild 101II-MW-5144-29. Budesarchiv. Bild 101II-MW-5144-29.