Construcción de las fortificaciones
La frontera permeable
Búnkeres, pistas, nidos de ametralladora, puestos de observación… Pese al gigantesco derroche de recursos materiales y humanos para blindar los Pirineos, la frontera continúa siendo, como siempre, permeable.
Al tradicional contrabando se suma ahora un flujo imparable de personas que huyen de la guerra y la represión, aprovechando en muchas ocasiones las mismas rutas y, a veces, los mismos guías. Si hasta 1939 son personas antifranquistas quienes buscan refugio al otro lado de la frontera, con la ocupación nazi de Francia el trasiego humano cambia de dirección con refugiados judíos de toda Europa que buscan llegar a Lisboa para embarcar a América, jóvenes franceses refractarios al Servicio de Trabajo Obligatorio en Alemania, aviadores aliados derribados en Bélgica o Francia que tratan de regresar al Reino Unido… Todos ellos ven en los Pirineos no una muralla, sino la ansiada puerta a la libertad.
A comienzos de octubre de 1944, centenares de miembros de la Agrupación de Guerrilleros Españoles que han participado en la liberación de Francia pasan la frontera por Valcarlos y Roncal. Es el inicio de la “Operación Reconquista de España”, liderada por el comunista navarro Jesús Monzón, en el marco de la Unión Nacional Española, y cuyo punto culminante será la ofensiva sobre el Val d´Arán. Allí se pretende reinstaurar la República y reclamar el reconocimiento y el apoyo de los Aliados para proseguir la lucha por la liberación de España.

Los guerrilleros se enfrentan a 50.000 soldados del ejército franquista desplegados por la fortificación del Pirineo. El desigual combate produce centenares de bajas entre los republicanos. La absoluta falta de apoyo por parte de las democracias europeas hace aún más amarga la derrota. El sueño de liberar a España de las garras del fascismo se diluye para siempre. Muchos ya no volverán nunca a su patria.
Finalizada la II Guerra Mundial, prosiguen los trabajos de fortificación del Pirineo, aunque la amenaza exterior sea cada vez más débil para una dictadura franquista que va encontrando su hueco en la Europa de la Guerra Fría. Sin embargo, cerca de esos búnkeres escondidos en los bosques continuará el trasiego clandestino de antifranquistas, de contrabandistas y, desde los años sesenta, de emigrantes procedentes de Portugal que, con ayuda de redes clandestinas, intentan llegar a Francia en busca de una vida mejor y escapando de las guerras coloniales en África.
